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viernes, 8 de abril de 2016

Me fui de parranda con un narco en México y viví para contarlo

Playa del Carmen en México es una playa que queda a 45 minutos de Cancún, y que desde la década pasada, gracias al enjambre de turistas que asisten anualmente al BPM Festival, se ha convertido en un centro internacional de la fiesta para los más rumberos. Ese mismo enjambre de alguna manera ha generado que el lugar sea también el escondedero perfecto para aquellos que no quieren ser encontrados.

Mi encuentro con el lado más oscuro de Playa del Carmen empezó en octubre de 2013, cuando trabajaba como agente de ventas y conserje para una compañía que alquila villas lujosísimas para turistas dispuestos a pagar hasta 10 millones de pesos por noche. Mis obligaciones incluían cerrar tratos de renta, responder todo tipo de preguntas y asegurarme de que a nuestros clientes no les faltara nada durante su estadía. Llegué a ese empleo cuando mi propia familia rentó una villa ahí mismo. Luego de varios shots de tequila, y sentir en mi cabeza la certeza de que no quería volver a mi ciudad y a mis estudios en mucho tiempo, le pregunté de una al dueño de la compañía de rentas si necesitaba ayuda. Resulta que el tipo sí la necesitaba, y al mes y medio estaba montándome en un vuelo de solo ida desde Los Ángeles a México.

Playa del Carmen es un pueblo pequeño, y durante los tres meses que duré allá conocí y me relacioné con todo tipo de personajes provenientes de todos los rincones del mundo: expatriados, nómadas, fiesteros internacionales e incluso criminales que se asumían a sí mismos como tal y estaban escapando de los federales. Sin embargo, hubo solo una historia que me quedó realmente marcada, la de Micha*, porque fue mi primer (y quizá mi último) vistazo dentro del esquivo y glamuroso mundo del narcotráfico. Y ahora que lo pienso fue más que un vistazo; por un par de semanas que ahora se me antojan surreales, fui un personaje real en la vida de Micha, que estaba totalmente sumergido en el estilo de vida de un capo internacional de las drogas.


Conocí a Micha en enero de 2014, cuando le alquilamos una villa de cinco dormitorios en la playa. Medía 1.80 mt, tenía un corte de pelo muy pulcro y se le notaba el gusto por los zapatos de diseñador, y los relojes que superaban de lejos el salario de una persona promedio. Quizá lo que me atrapó de Micha fue esa personificación de la masculinidad tradicional, que mezcla el cuerpo de alguien que practica lucha libre, la presencia y el porte de alguien que parece sacado de la película El Padrino, y una mandíbula que parecía capaz de romperlo todo cuando estaba bravo o confundido. Luego de charlar un poco, supe que era de Manitoba, Canada, que estaba próximo a cumplir 30 años y que tenía ascendencia de Europa del Este.

Micha llegó con su amigo Tim, cuyo viaje a México era el primero que hacía después de pasar toda su adultez tras las rejas por intento de asesinato. Tim tenía 29, pero tenía la energía de un adolescente. Era como si su crecimiento se hubiera detenido al entrar a prisión.

Mi relación con Micha fue poco convencional desde el principio. Antes de que pudiera darles el tour tradicional por la villa a ambos, y dar mi discurso usual para asistirlos durante su estadía, Micha sacó una bolsa Ziploc de sus pantalones con 75 pastillas de éxtasis y un blotter de ácidos, según me dijo. Después de recuperarme de mi shock inicial, mi drogadicta interior se apoderó de mí. La bolsa de Micha era una recompensa por toda esa gente ricachona y esas mamás borrachas con las que había tenido que lidiar durante toda la temporada alta.

- "¿Quieres un poco?"

- "Sí, ¿Por qué no?"

Acto seguido, me dio cinco pepas.

Preguntándome ingenuamente por qué alguien cargaría con tremenda cantidad de droga, le pregunté a los tipos qué hacían para vivir. Mientras sacaba tres celulares,Micha me respondió que trabajaba en construcción. Yo continué presionándolo. "Ustedes saben que esta villa es para diez personas. ¿Solo se quedarán ustedes dos? Me respondió que un amigo de México estaba por llegar, junto con algunas mujeres colombianas".
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