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sábado, 9 de abril de 2016

Los Campos de concentración de El Bufalo ;El poblado mejoro después de que cayera Caro Quintero,el ni construyo escuelas e iglesias

Los ejidos de Búfalo, donde el Ejército destruyó en 1984 los extensos sembradíos de mariguana de Rafael Caro Quintero, nunca se beneficiaron de la intensa producción del estupefaciente. En los vecinos municipios de Jiménez y Camargo los narcos consumían alimentos, cobijas, ropa y servicios para sus autos, pero de la zona agrícola ni siquiera requerían mano de obra: tenían miles de jornaleros retenidos y sin paga. Hoy Búfalo tiene una enorme presa, pero no cultivos… ni calles pavimentadas ni red telefónica.

La colonia Búfalo, que saltó a la fama después del descubrimiento de un campo de cultivo de mariguana de Rafael Caro Quintero, quien esclavizó a miles de campesinos en unas 20 hectáreas, ahora está abandonada.

Sentado en una banca del único parque del poblado, Fernando Sáenz, cercano a los 90 años, lamenta: “Ya no se puede sembrar. ¿Qué siembra uno? No se puede cultivar algodón porque ya no hay despepitadoras, no hay bodegas nacionales a las que se vendía el frijol y el maíz. No hay nada”, dice.

La colonia estaba rodeada de sembradíos de papa, pero ya no existen y las bodegas donde se almacenaba la semilla son ruinas.

En noviembre de 1984 el nombre de Búfalo fue conocido internacionalmente, aunque los pobladores nunca tuvieron un beneficio del “desarrollo” impulsado por el narcotráfico. A los plantíos de mariguana les dieron el nombre de Búfalo por su cercanía con la colonia.

El gobierno informó entonces que se decomisaron alrededor de 10 mil toneladas de la yerba. Con el tiempo, las estimaciones en torno a la cantidad de campesinos que trabajaban en el rancho han oscilado entre 5 mil y 10 mil. Muchos de ellos fueron engañados para ir a ese lugar.

Caro Quintero fue detenido en 1985 y posteriormente sentenciado a 40 años de prisión. Entre los delitos que se le imputaron estaban el de privación ilegal de la libertad en su modalidad de secuestro, homicidio calificado; siembra, cultivo, cosecha, transporte y tráfico de mariguana, así como suministro de cocaína y asociación delictuosa, pero quedó en libertad en 2013.

Hace poco más de un año, el gobernador César Duarte Jáquez inauguró la presa Piedras Azules. Fue un incentivo para que familias adineradas adquirieran los predios de los ejidatarios que se quedaron con las tierras tras el decomiso de la droga y los predios a Caro Quintero.

Pero como nadie apoyó la urbanización ni los cultivos, la mayoría de los propietarios de esos ejidos vendieron sus tierras y ahora alrededor de Búfalo siembran nogales, árboles que requieren mucha agua. “Ahora ni ha llovido”, dice don Fernando.

Las cosechas de los pequeños agricultores decayeron. Éstos tenían esperanza de desarrollar sistemas de riego una vez construida la presa, pero ha sido más complicado de lo que creían.

Algunos hombres sentados bajo un árbol, afuera de una vivienda, dicen espontáneamente que ninguno de ellos trabajó en los plantíos de mariguana. Uno señala que a unos pasos de ahí circulaban los camiones hacia los sembradíos de la yerba, que estaban a unos 15 kilómetros del pueblo.

Todos ríen cuando otro dice que, según la gente, esos camiones transportaban manzanas. Añade que llevaban trabajadores de fuera, que no hubo gente de Búfalo ahí.

La colonia era muy tranquila entonces y nunca obtuvo derrama económica por el rancho, como sucedió en Jiménez. Los pobladores tampoco tenían contacto con los trabajadores ni con sus empleadores, quienes según los mayores de aquí “era gente de Sinaloa”.

Vieron a los campesinos de los cultivos de mariguana cuando salieron corriendo el día que llegaron los militares a decomisar la droga. El resto del tiempo los tuvieron encerrados y vigilados por hombres con escopetas. Tras la desbandada, muchos llegaron a Búfalo para pedir aventón o ayuda para llamar a familiares.

La mayoría de los colonos emigró a Estados Unidos a partir de 1988 por una prolongada sequía. Cuatro años antes, con el exterminio del “campo de concentración”, como conocían al rancho de Caro Quintero, la actividad ya había comenzado a declinar.

Los terrenos fueron entregados a los campesinos el 21 de febrero de 1987. Ellos los dividieron en dos ejidos: Álamos y ampliación Felipe Ángeles. Hace tres años se concentraban ahí 420 ejidatarios, pero muchos vendieron sus parcelas a familias adineradas porque no podían cultivarlas.

Un exejidatario recuerda que veían pasar los camiones de droga, pero ignoraban que tuvieran secuestrados a los trabajadores: “Dicen que venían engañados. Nosotros jamás vimos a Caro Quintero; sólo lo conocíamos por nombre y hasta le compusieron un corrido”.

Búfalo, atrapada en el tiempo

Ubicada entre las cabeceras municipales de Parral y Jiménez, Búfalo sólo tiene 300 habitantes, sus calles no están pavimentadas y carece de red telefónica.
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