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La entrevista entre El Mayo y Julio Scherer en aquel 2010

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A principios de 2010 Julio Scherer García, fundador de Proceso, tuvo un encuentro con Ismael El Mayo Zambada en alguna de sus guaridas. En la conversación inevitablemente hablaron de Joaquín Guzmán Loera, compadre de El Mayo. A continuación reproducimos las partes en las que el tema del Chapo aparece en la plática con El Mayo y fueron publicadas en abril de ese año en la edición 1744 de este semanario.

Julio Scherer le práctica una entrevista El Mayo, uno de los líderes del poderoso Cartel de Sinaloa en aquel 2010

¿Hay en usted espacio para la tranquilidad?
Cargo miedo.

¿Todo el tiempo?
Todo.
¿Lo atraparán, finalmente?
En cualquier momento o nunca.
Zambada tiene 60 años y se inició en el narco a los 16. Han transcurrido 44 años que le dan una gran ventaja sobre sus persecutores de hoy. Sabe esconderse, sabe huir y se tiene por muy querido entre los hombres y las mujeres donde medio vive y medio muere a salto de mata.

Hasta hoy no ha aparecido por ahí un traidor expresa de pronto para sí. Lo imagino insondable.

He leído sus libros y usted no miente me dice.

Detengo la mirada en el capo, los labios cerrados.

Todos mienten, hasta Proceso. Su revista es la primera, informa más que todos, pero también miente.

Señáleme un caso.
Reseñó un matrimonio que no existió.
¿El del Chapo Guzmán?
Dio hasta pormenores de la boda.
Sandra Ávila cuenta de una fiesta a la que ella concurrió y en la que estuvo presente El Chapo.
Supe de la fiesta, pero fue una excepción en la vida del Chapo. Si él se exhibiera o yo lo hiciera, ya nos habrían agarrado.
¿Algunas veces ha sentido cerca al Ejército?
Cuatro veces. El Chapo más.
¿Qué tan cerca?
Arriba, sobre mi cabeza. Huí por el monte, del que conozco los ramajes, los arroyos, las piedras, todo. A mí me agarran si me estoy quieto o me descuido, como al Chapo. Para que hoy pudiéramos reunirnos, vine de lejos. Y en cuanto terminemos, me voy.
¿ El Mayo, teme que lo agarren?
Tengo pánico de que me encierren.
Si lo agarraran, ¿terminaría con su vida?
No sé si tuviera los arrestos para matarme. Quiero pensar que sí, que me mataría.

Yo pretendía indagar acerca de la fortuna del capo y opté por valerme de la revista Forbes para introducir el tema en la conversación.

Lo vi a los ojos, disimulando un ánimo ansioso:
¿Sabía usted que Forbes incluye al Chapo entre los grandes millonarios del mundo?
Son tonterías.

Tenía en los labios la pregunta que seguiría, ahora superflua, pero ya no pude contenerla.
¿Podría usted, El Mayo zambada figurar en la lista de la revista?

Ya le dije. Son tonterías.

Es conocida su amistad con El Chapo Guzmán y no podría llamar la atención que usted lo esperara fuera de la cárcel de Puente Grande el día de la evasión. ¿Podría contarme de qué manera vivió esa historia?

El Chapo Guzmán y yo somos amigos, compadres y nos hablamos por teléfono con frecuencia. Pero esa historia no existió. Es una mentira más que me cuelgan. Como la invención de que yo planeaba un atentado contra el presidente de la República. No se me ocurriría.

Zulema Hernández, mujer del Chapo, me habló de la corrupción que imperaba en Puente Grande y de qué manera esa corrupción facilitó la fuga de su amante. ¿Tiene usted noticia acerca de los acontecimientos de ese día y cómo se fueron desarrollando?

Yo sé que no hubo sangre, un solo muerto. Lo demás, lo desconozco.
Inesperada su pregunta, Zambada me sorprende:

¿Usted se interesa por El Chapo?
Sí, claro.
¿Querría verlo?
Yo lo vine a ver a usted.
¿Le gustaría…?
Por supuesto.
Voy a llamarlo y a lo mejor lo ve.
La conversación llega a su fin. Zambada, de pie, camina bajo la plenitud del sol y nuevamente me sorprende:

¿Nos tomamos una foto?
Sentí un calor interno, absolutamente explicable. La foto probaba la veracidad del encuentro con el capo.

Zambada llamó a uno de sus guardaespaldas y le pidió un sombrero. Se lo puso, blanco, finísimo.

¿Cómo ve?
El sombrero es tan llamativo que le resta personalidad.
¿Entonces con la gorra?

Me parece.
El guardaespaldas apuntó con la cámara y disparó.

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