Dijo Félix Gallardo a la familia se le respetaba“Oficial, Antes este trabajo era de caballeros. Uno nada más mataba al que se las hacía parte 2 ~ El Diario del Narco|El Blog del Narco|Blog Del Narco

viernes, 15 de abril de 2016

Dijo Félix Gallardo a la familia se le respetaba“Oficial, Antes este trabajo era de caballeros. Uno nada más mataba al que se las hacía parte 2

Durante su plática con los abogados, escuché cómo Osiel les dicta la estrategia a seguir, manejando hábilmente la ley y dándoles argumentos y argucias, lo cual no puedo referir, debido a que en mi presencia sólo mascullan y murmuran.

Cada vez que le dan a leer algo, Osiel diligentemente me lo muestra para que revise hoja por hoja que no hay nada oculto. ¿Quién me viera? ¡El mismo Mata Amigos teniendo consideraciones conmigo y recibiendo mi autorización para leer sus notificaciones!

Jueves 14

El custodiar a una leyenda del crimen organizado hace que llegue a haber cierta empatía, aunque considero que los criminales aquí encerrados y tan ceremoniosos son como presas enjauladas en zoológicas, que tras las rejas protectoras se ven inofensivos, pero en su hábitat natural son letales y mortales.

Osiel Cárdenas Guillén no es la excepción. Al estar frente a su presencia, lo primero que denota su rostro es soberbia y maldad, la cual transpira cada uno de los poros de la humanidad del capo. El lunar rojo en su frente, su testa que denota calvicie prematura y su mentón partido (producto de la cirugía, ya que antes de su detención invertía gran cantidad de recursos en su imagen personal) le dan un aire de autosuficiencia; y sus ojos son oscuros, enmarcados por unas cejas pobladas y abundantes, le dan un aire de maldad a este sujeto también apodado el Diablo.

Su voz, fuerte y clara, mostraba claramente que nació para mandar y detestaba recibir órdenes. Cada vez que personal de Seguridad y Custodia le ordenaba algo, lanzaba una mirada de desprecio, intentando grabarse los rasgos y los ojos cubiertos por pasamontañas, para cobrarles las afrentas infringidas en el penal.

Personal de Seguridad y Custodia, al realizar el pase de lista o al darle sus alimentos, le gritaban e intentaban sobajarlo, al decirle que se acercara a la reja o que se alejara, según fuera el caso, pero con la clara intención de fastidiarlo.

Al contestar con su nombre en el pase de lista, le espetaban: “¡Nombre!… ¡Más fuerte!”, con la clara intención de demostrarnos a los oficiales de la PFP que realizaban su labor con la diligencia debida y que la corrupción denunciada por los medios era una exageración, como si la pistola con la que mataron al Pollo Guzmán hubiera aparecido sola.

A las 6:00 horas, los internos se levantaban para darse un baño de 15 minutos, recibiendo cada uno un rastrillo desechable, el cual era retirado por el personal de Seguridad después del aseo.

A las 7:00 horas, el personal de Cocina les servía el desayuno, consistente en una pieza de pan dulce, atole y huevos revueltos con frijoles refritos, y una pieza de pan blanco.

En el caso de Osiel, los alimentos se le servían en la charola bajo mi supervisión, encargándome yo de entregarle el desayuno al interno, quien me respondía: “¡Gracias, señor oficial!”

Como Osiel estaba confinado en Tratamientos Especiales, no se le daba papel higiénico, por lo que me encargaba de darle una buena dotación de servilletas en sus comidas, para que las administrara y usara para tal efecto.

La comida se servía a las 14:00 horas y la cena a las 20:00 horas. Sólo los domingos se les servía un antojo a los internos, consistente en carnitas o barbacoa con consomé y un vaso de agua de fruta de temporada.

Osiel y los demás internos tenían un vaso de plástico y una jarra del mismo material, que se encargaban de enjuagar y la cual, una vez al día, se les llenaba para que bebieran agua durante el mismo.

En el caso de Osiel, le estaba prohibido tener material de lectura y para escribir, por lo que su único esparcimiento durante la presencia de personal de la PFP era asistir a sus diligencias e ir a los locutorios a recibir notificaciones o a charlar con sus abogados por espacio de una hora máximo.

Recuerdo una vez que llevé al interno al área de locutorios para que conversara con uno de sus abogados, pues a raíz de la detención de un sobrino suyo que trabaja para el cártel y que estúpidamente vino a visitarlos, no venían a familiares (esposa e hija) a verlo.

En aquella ocasión, en que estaba yo de guardia esperando que Osiel concluyera su charla con uno de sus abogados, me encontré, al salir del pasillo, al interno Miguel Ángel Félix Gallardo, quien venía del área tras conversar con su defensor. Al verme, muy educadamente me pidió permiso para ir a tomar agua de un garrafón que estaba al final del pasillo. Una vez que bebió me dijo: “Oficial, antes este trabajo era de caballeros. Uno nada más mataba al que se las hacía… A la familia se le respetaba. La familia al igual que sus mujeres y sus niños era sagrada. Y si uno la cargaba matando a un inocente —dijo mientras daba un sorbo del cono con agua—, se les pagaba a la familia por el error y jamás se le dejaba desamparada; no que ahora, gracias a cabrones como ese —dijo mientras señalaba hacia donde se encontraba Osiel, muy ajeno a los comentarios de este otro barón de la droga en desgracia— este negocio se lo está llevando la chingada”.

Al concluir lo vertido, tiró el cono en el bote de basura y regresó a su lugar en espera de que personal de Guarda y Custodia llegaran por él y lo trasladara a su celda.

No me quedó más que reflexionar acerca de lo comentado por Miguel Ángel Gallardo. Efectivamente, antes los narcos tejían su protección bajo el amparo de las comunidades en las que vivían, donde eran benefactores, brindando seguridad en sus zonas de origen, para que sus habitantes fueran, en agradecimiento, sus cuidadores y delatores en caso de que observaran movimientos de las autoridades o de personas a la zona.

Dejo de escribir, el sueño me embarga… al igual que la pesadez del lugar.

Agosto, 2005

¡No cabe duda de que Osiel es un manipulador nato, aun bajo el encierro de este penal! Este sujeto, que fue aprendiz de mecánico y, de la nada, empezando por lavar coches y ser madrina, forjó un imperio, es un psicólogo por naturaleza, que sabe olfatear las necesidades de las personas que lo rodean.

El domingo de la semana pasada me tocó escuchar cómo pedía a viva voz una pieza de KFC. Ahora caigo en cuenta porque encontraron a un elemento de Guarda y Custodia con un taco de barbacoa en los “huevos”, envuelto en papel de estraza y dentro de una bolsa de plástico. El argumento del empleado federal fue: “Lo llevo por si me da hambre”, cuando a todas luces se ve que era para el interno Osiel, quien pese a su docilidad, no deja de ser peligroso. Por eso tengo que estar atento.

Bajo su influjo cayó Benjamín Arellano, quien sabe que Osiel corteja a su mujer, Ruth Corona, y que bajo su influencia se realizaron las marchas que ocasionaron la destitución del director del penal por no controlar la ingobernabilidad.

He escuchado cómo un interno, vinculado con la banda de secuestradores de el Canchola (encerrado en este penal en un pasillo aledaño, al lado de Ponce, exsecretario de Finanzas del D.F.), joven, sin educación, quien se encargó de la custodia de Rubén Omar Romano, plagiado el 19 de julio y encerrado por 64 días en un inmueble ubicado en la colonia Agrarista, al oriente de la capital, y a quien a todas luces se le ve una incompetencia más que probada, tuvo la suerte de estar encerrado en Tratamientos Especiales, al lado de Osiel, con quien por las tardes conversa de celda a celda.

Por tales charlas, pude escuchar lo siguiente:

—Señor…gracias por los abogados que me mandó.

—De nada mijo —contesta el capo.

—¿Señor?

—¿Qué pasa mijo? —dice Osiel.

—¿Es cierto que usted tiene mucho dinero y propiedades? —indaga el joven que, antes de su encierro, de seguro desconocía la existencia del capo, quien gracias a que le envió a sus abogados, ya compró la lealtad de este criminal a todas luces imberbe.

—¡Dicen! —contesta Osiel, ufano.

—¿Cuando salga de aquí me puede dar trabajo? —pregunta su vecino de celda, quien tras poco más de una semana en el lugar, todavía no es víctima del carcelazo, fenómeno que ocurre en todos los presos, quienes al darse cuenta de su situación caen en una depresión paulatina, que en casos extremos los lleva al suicidio si no reciben atención y apoyo psicológico.

—¡Ay mijo!… ¡Estás bien pendejo! Cuando salgas todo viejito, no me vas a servir ni para darle maíz a mis gallinas —contesta Osiel en tono burlón.

—¿Ya ve cómo es patrón? —dice ladinamente el interno.

—Claro, mijo, que te voy a ayudar… ¿No lo he hecho? ¿No te mandé abogados a ti y a tu mamá? —dice Osiel, remarcando el favor realizado para exigir la lealtad correspondiente para este capo, el poder tras el trono, quien gracias a sus argucias es el causante del endurecimiento de las medidas carcelarias para todos los internos del lugar.

—¡Por supuesto patrón!…

—¿Cómo te agarraron? —pregunta Osiel a rajatabla.

—Al llegar a la casa, ya estaban los AFIs, quienes me golpearon y declararon que me detuvieron adentro con el “paquete”, cuando en realidad me encontraba afuera e iba llegando —dice el joven.

—¡Ay! —suspira Osiel—. ¿Cómo es posible que te haya reclutado si estás bien pendejo? ¡Pinche Chanchola! ¡Agarró a sus pendejos! Y, ¿ya ves las consecuencias? —dice el capo, entre burlón y serio—. ¡En qué pedo te has metido por pendejo! Pues, ¿cuánto te pagaban?

—Doscientos pesos por día, patrón, más la comida. Yo sólo me encargaba de darle de comer al señor —dice el secuestrador.

—Ni hablar… Ya estás atorado y te chingas… Vas a tener mucho tiempo para pensar en tu pendejada —dice Osiel, quien agrega—: Descansa… Mañana hablamos.

Ese fue uno de los diálogos un tanto trascendentes que escuché en el pasillo donde Osiel se encontraba encerrado en castigo debido a la revuelta orquestada por él.

Respecto al secuestrador vinculado con el Canchola, este arribó al penal desde hace ocho días y ya quedó bajo el influjo de Osiel, quien ya le está pagando defensores a él y a su madre, por lo que pude escuchar.

Lunes 5

Osiel está cada vez más nervioso, como si tramara o presintiera algo. Lo he visto, en cada rondín, cómo está sin pegar los ojos, por el temor a ser asesinado, mirando siempre hacia la puerta. Cada mañana, saca diligentemente sus residuos y, muy dócil, permite que se realice la rutina de verificación de su persona.

Saluda muy fuerte y firme a todos los que van a constatar su presencia con el pase de lista, además de mirar con su cara de Diablo a todo el personal, escrutando incluso a todos quienes por temor llevan pasamontañas para evadir la identificación, como si no supiéramos que la lista con el personal de la PFP ya le fue filtrada por alguno de los empleados bajo su nómina.

A mí me sorprendió el domingo pasado, al saludarme tras el pase de lista de la mañana con un “Buen día, oficial Borges”, con una sonrisa similar a la de los empleados bancarios cuando te venden un seguro o tarjeta.

Tuvo la delicadeza de decírmelo cuando me encontraba colocando el candado y la comitiva encargada de pasar lista ya se había puesto en marcha.

Conocedor de la psicología de los hombres, Osiel, al ver la sorpresa reflejada en mi rostro, dijo “No se preocupe… la bronca no es con ustedes los federales, sino con ese pinche enano de su secretario y con estos putos de Seguridad y Custodia. Buenos para estirar la mano y malos para cumplir. El que me la hace me la paga”, concluyó mientras sonreía, sin quitar sus ojos negros de mi rostro, que debe haberse puesto de diversos colores, ante lo que oía.

Lo bueno es que me desfogo en este Diario…pues no confío ni en mi sombra. 
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