Dijo Félix Gallardo a la familia se le respetaba“Oficial, Antes este trabajo era de caballeros. Uno nada más mataba al que se las hacía ~ El Diario del Narco|El Blog del Narco|Blog Del Narco

sábado, 30 de abril de 2016

Dijo Félix Gallardo a la familia se le respetaba“Oficial, Antes este trabajo era de caballeros. Uno nada más mataba al que se las hacía

Ayer me presenté en La Palma, el Cefereso número 1 del país, la cárcel modelo de “máxima seguridad”, un eufemismo de risa. Me comisionaron, gracias a e el Tyson, para formar parte de dicho operativo y ponerme a las órdenes del subinspector Pablo Lugo Yáñez, apodado el Mocotes, quien es gente del malogrado comandante Pliego Fuentes, y de su segundo, Fernando Arreguín Sánchez, quien estuvo a cargo de la Dirección General de Robo y Secuestros tras la “jubilación” de Novella, quien una vez retirado, gracias a su compadrazgo con Genaro García Luna el Güero, lo mandaron como encargado al Centro de Mando (C4) en San Luis Potosí.

Tras presentarme a las 7:00 horas, debidamente uniformado, en la explanada de La Palma, a quienes arribamos se nos dieron instrucciones precisas de respetar, al pie de la letra, cuestiones básicas de seguridad que, gracias a mi experiencia en el Grupo Colegiado de Supervisión de Ceferesos, para mí son más que obvias.

Dentro de las normas a seguir: estaba prohibido hablar con los internos, pues también estamos sujetos a supervisión del Centro de Control que, aunque está conformado por compañeros de la corporación (perro no come perro), son conocidos como “dedos” por reportar la más mínima violación, real o imaginaria, al reglamento interno del penal.

Asimismo, está vedado ingresar con dinero, celulares y comida, pues debemos velar por la seguridad, en este caso del interno Osiel Cárdenas Guillén, a quien se le debe la toma de instalaciones del penal por parte de la PFP, debido a las más que obvias pruebas de corrupción del personal de ese entorno.

Mi función consistirá en relevar al personal de la PFP comisionando en el área de Tratamientos Especiales del penal, para custodiar al interno Osiel Cárdenas Guillén (nombre clave “Foxtrot”) en turnos de cuatro horas, esperar el relevo de los compañeros y reportar novedades antes de desmontar el servicio, destacando que los cambios o relevos deben hacerse con casi media hora de anticipación para prever cualquier eventualidad en las revisiones. Cabe agregar que el relevo de las 23:00 horas es el más importante, ya que exactamente a las 00:00 horas se cierran las puertas del penal y no se permite el ingreso ni la salida del personal.

Durante el turno, debemos supervisar los alimentos que ingiere el interno, así como verificar que en estos no haya nada que atente contra su seguridad (ya que por haber mandado asesinar al hermano del Chapo, hay recompensa por su muerte) y evitar que reciba recados o cualquier comunicado del exterior, y verificar que en cada pase de lista, se encuentre en sus cabales, así como acompañarlo a los locutorios y a sus diligencias cuando le sean autorizadas.

Cada vez que salga de la celda (asegurada con candado de seguridad, cuya llave estará en posesión del oficial de la PFP en turno), seré el encargado de efectuar la revisión corporal de su persona, de que no haya nada ilícito en su cuerpo, tanto al ingreso como a la salida de su celda.

Tras pasar los diamantes y las exclusas de seguridad del penal, que es frío por el concreto y por estar enclavado en una de las zonas más gélidas del Estado de México, con niebla constante en las mañanas y en las noches, vi que Osiel Cárdenas Guillén, el amo y señor del Cártel del Golfo, estaba confinado en una de las celdas de Tratamientos Especiales, sin sanitario, teniendo que realizar sus necesidades fisiológicas en un bote de basura de plástico color amarillo, el cual él mismo debe asacar con sus desechos cada mañana y lavarlo en un baño aledaño, siempre bajo supervisión del oficial de la PFP quien, como yo, debe aguantar el olor que emana de sus heces fecales y sus orines.

Además, el interno duerme al ras del suelo en una colchoneta con una cobija que lo protege medianamente del frío del lugar. La ventana de la celda carece de cristal y por ende de protección contra las inclemencias, para evitar que utilice un vidrio como arma para atacar o atentar contra su mísera existencia, pues el penal está diseñado para acabar con la cordura de los más sádicos y despiadados, confinándolos a dormitar siempre bajo los ojos electrónicos de las cámaras que registran su más mínimo movimiento y con la luz encendida en la cara descubierta, teniendo que estar en la puerta para el pase de lista, realizado cada seis horas, aunque también se efectúa extraordinariamente dependiendo de las instrucciones del personal del Centro de Control.

A quienes custodiamos al interno se nos da una silla de plástico colocada en un pasillo, frente a una de las cámaras, con el fin de estar también bajo el escrutinio implacable de los compañeros del Control, quienes reportan a Base Omega en la Torre Pedregal cualquier falta de nuestra parte para evitar así, bajo la espada de Damocles, que violentemos las normas con nuestro comportamiento. En caso de una petición verbal del interno, como un vaso con agua o servilletas de papel, debemos pedir autorización a Control vía telefónica para proceder en consecuencia.

Para ingresar en el servicio hay que pasar por la puerta Mossler de acceso, un torniquete y un arco detector de sustancias prohibidas (por lo general fuera de servicio, por estar mal calibrado), que funciona con aspersores que lanzan aire desde diversos ángulos para analizar si hay rastros de cualquier sustancia ilícita, para después formarse y ser revisados en unos compartimientos de madera oscura, similares a los vestidores de las tiendas departamentales, por personal de Seguridad y Custodia del penal, quienes nos ven como intrusos en su centro de trabajo y en su casa, por lo que las revisiones son más que exhaustivas y humillantes para nosotros, acostumbrados a fastidiar y no a que nos fastidien. Esta situación es aprovechada por los custodios del penal para vernos literalmente con los calzones hasta las rodillas, pues nos encueramos de pies a cabeza, para que ellos revisen hasta las costuras de las prendas, las suelas y el interior del calzado. Además, nos obligan a realizar sentadillas para corroborar que no nos hayamos metido nada por el ano o en la boca.

Una vez pasada esa aduana de personas, tan engorrosa como humillante (que también sufren las visitas y algunos funcionarios menores, pues la superioridad ingresa por la oficina del director, donde sólo hay una revisión corporal superficial), se procede a pasar con un gafete en mano a los tres diamantes de seguridad ubicados en el camino, que ahora son controlados por personal de las Fuerzas Federales de Apoyo, hasta llegar a Tratamientos Especiales, donde otra vez se realiza una revisión a nuestra humanidad, para llegar a nuestro destino.

Los servicios a “Foxtrot” (nombre clave dado por la PFP a Osiel Cárdenas) los hacemos por parejas cada cuatro horas, esperando el relevo para salir y descansar de la incomodidad de estar en ese lúgubre sitio, donde no se puede hacer nada, más que cavilar y conversar con el compañero en turno, llegando al grado de que hasta este llega a fastidiar cuando los temas de conversación han sido agotados, por lo que uno hace recorridos por los pasillos para paliar el frío y evitar el sueño, que en las madrugadas es más obvio, o para ir al baño de empleados, hasta que llega el relevo.

Lo único que nos saca de la monotonía es cuando el interno va a los locutorios o a la reja de prácticas a escuchar notificaciones o los descargos en su contra, ya que para trasladarlo se deben recorrer los pasillos e ir anunciando su paso vía Matra, para evitar que el interno se cruce en el camino con otros presos; en caso de que eso ocurra, se les obliga a estos a recargar su testa sobre los muros del pasillo y ceder el paso a nuestro interno.

Lo bueno del servicio son los viáticos sin comprobar. Ahora sé por qué los compañeros cancelan sus vacaciones, ya que estamos terciados, laborando un día sí y un día no, aunque, eso sí, cobramos íntegramente cada 15 días viáticos más nuestro sueldo.

Miércoles 6

Ayer durante mi servicio me tocó escoltar a Osiel Cárdenas a la Sala de Audiencias, donde se le sigue su proceso. Al arribar a mi segundo turno, a las 11:00 horas, se me notificó que el interno iría a la sala. Tras realizarle la revisión correspondiente, lo escoltamos personal del penal, elementos de Fuerzas Federales y un servidor a una de las salas, donde Osiel habló con su cuerpo de abogados, encabezado por una joven licenciada de apellido Cholico, muy atractiva, al grado que los compañeros dicen que es una de las amantes del capo, quien tiene fama, aun encerrado, de ser un Don Juan. Dicen incluso que envía epístolas y corteja a la mujer de su ahora socio Benjamín Arellano, Ruth Corona (exseñorita Sinaloa), a quien me ha tocado ver en la aduana de personas.
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