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Acapulco: joya del narco y la diversión

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La alerta de viaje emitida por el Gobierno de Estados Unidos a sus ciudadanos de evitar Acapulco no es fortuita: en Guerrero la violencia sigue. 

Es el resultado de la guerra que mantienen por el control del estado las células criminales de cinco cárteles de las drogas, en donde la “Joya de la Corona” es Acapulco.

La espiral violenta, que no ha podido detener la administración del gobernador Héctor Astudillo, manifestó su crudeza con las balaceras que se vivieron el pasado domingo por la noche, sobre la costera Miguel Alemán, en donde sicarios se enfrascaron en tres enfrentamientos que duraron más de dos horas.

El volátil estado de inseguridad que se vive en Guerrero también ha sido detonado por los choques entre policías ciudadanos (autodefensas) de la Unión de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG) que han declarado una guerra abierta a todas las células del crimen organizado.

La crudeza de la violencia en Guerrero, más allá de los hechos del domingo, ya había dado una muestra en noviembre del año pasado, cuando en la comunidad de Polixtepec, en el municipio de Leonardo Bravo, autodefensas se enfrentaron con miembros de una célula del crimen organizado conocida como la Banda de Villalobos Arellano.

La refriega duró siete horas, con saldo de tres delincuentes abatidos y cinco heridos entre los autodefensas. Pese a lo prolongado del encuentro, nunca se presentó la policía estatal.

Otra balacera ya se había protagonizado en el puerto de Acapulco. Sujetos armados se enfrentaron a balazos en las inmediaciones de la playa “La Angosta”, cerca de “La Quebrada”, en donde el saldo fue de dos personas muertas y pánico generalizado entre la población.

El comisionado nacional de seguridad, Renato Sales, ha reconocido que los hechos violentos en Guerrero son resultado de la confrontación de dos cárteles -de los que ha omitido el nombre-, pero en la fiscalía general del Gobierno del Estado se habla de la confrontación a muerte de los grupos de Beltrán Leyva y del Pacífico, que reclaman como suyo el control del puerto de Acapulco.

Alianzas ‘estratégicas’

El cártel de los hermanos Beltrán Leyva se ha aliado con las bandas delincuenciales conocidas con Los Rojos, Los Granados, Los Ardillos y El Cártel Independiente de Acapulco, en tanto que el Cártel del Pacífico se unió a los grupos criminales La Barredora y Comando del Diablo.

A la pelea principal por el puerto de Acapulco entre los grupos de Los Beltrán Leyva y del Pacífico se ha sumado también la disputa -con ambos cárteles-, de las células de La Familia, Cártel Jalisco Nueva Generación y Los Caballeros Templarios, los que también se encuentran aliados con organizaciones criminales menores, pero igualmente violentas.

También hay alianzas entre el cártel de La Familia con los grupo locales conocidos como El Comando Negro, Pueblo Pacifista Unido y Nueva Alianza de Guerrero; el Cártel Jalisco Nueva Generación ha podido hacer pacto de unidad con los grupos Nuevo Cártel de la Sierra, La Tejona, Los Tequileros y Los Calentanos.

Por su parte, Los Caballeros Templarios están peleando el control del puerto junto con Los Pelones, Luzbel del Monte, El G1, La Empresa, La Resistencia, Ejército Libertador del Pueblo y Los Temerarios.

Frente a este panorama, el gobernador Héctor Astudillo ha rehuido hablar sobre el tema de la violencia. Solo quiere hablar de “cosas buenas”. Así resume las líneas de acción de su gobierno para encarar la nueva crisis que afronta la entidad. Ha dejado la seguridad en manos de la Federación.

Terror en el puerto

La violenta confrontación que mantienen los cárteles de las drogas en el estado de Guerrero ha permeado en el ánimo de la sociedad. En Acapulco nadie se siente seguro. Así lo ha evidenciado la escasa presencia de gente en los centros comerciales y mercados.

La costera Miguel Alemán prácticamente está desierta. La presencia de elementos del Ejército y de la Policía Federal Preventiva no alcanza para motivar a la población al retorno de las actividades cotidianas. Sólo en algunos puntos turísticos de las playas de Acapulco parece que no hay miedo.

Los comercios cierran más temprano que de costumbre. Las actividades no se alcanzan a normalizar en las más de 100 escuelas que suspendieron clases desde el lunes. En algunas instituciones educativas de nivel medio superior y superior, principalmente de la Universidad Autónoma de Guerrero, la ausencia de alumnos fue notoria el martes.

En el sector hotelero saben que la violencia de los últimos días podría detonar en una crisis económica para el ramo. La violencia les ha pegado no sólo en el impacto emocional de los turistas, sino en la alza de extorsiones que siguen llegando.

Desde marzo pasado, la asociación de hoteles y restaurantes de Acapulco ya había advertido, en voz de su presidente Francisco Aguilar Ordóñez, sobre de la necesidad de un cambio en la estrategia de seguridad para encarar la violencia en el puerto, la que sigue empujando a pérdidas a ese sector.

La muestra más palpable de la situación que enfrentan los hoteleros de Acapulco se observa con el cierre del hotel El Kiosco, el que luego de 40 años de servicio ininterrumpido tuvo que suspender su servicio indefinidamente, como resultado de los cobros de extorsión.

Violencia generalizada

De acuerdo a la Secretaría de Seguridad Pública del Gobierno federal, en Guerrero se registran al menos ocho focos de violencia generalizada.

La causa principal de la violencia, apuntó un funcionario de la dependencia, es la disputa por el control del territorio para el trasiego de drogas. En lo que va del año se registra un saldo de 137 muertos en enfrentamientos en estos ocho focos.

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