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'Narco' Famoso y amigo de Julio César Chávez se robó a reina y la obligó a casarse con él

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Rocío del Carmen Lizárraga tenía 17 años en febrero de 1990, cuando fue coronada Reina del Carnaval de Mazatlán.

Aquella había sido una competición muy cerrada, la noche de la votación se impuso por un margen estrecho a Libia Zulema Farriols, una chica que se ganó a la audiencia con su sonrisa y porte, lo que se tradujo en ser coronada como reina de los Juegos Florales.

Una distinción que se le da por lo regular a la mujer que queda en segundo lugar. El reinado del carnaval de Mazatlán es cosa seria. Durante un año, la soberana tiene varias actividades y obligaciones que el protocolo impone, una vez transcurrido este lapso.


Se le sigue guardando veneración y respeto como monarca que fue. Quizá por eso en aquellos días la sociedad sinaloense no se explicaba cómo pudo ocurrir algo que resultó inusitado en la historia del certamen. Pasadas las primeras semanas del festejo, Rocío del Carmen cumplió 18 años, a finales del mes de mayo “desapareció” sin que su familia, amigos y los miembros del comité organizador supieran dónde estaba.

El 2 de junio, se publicó una nota donde se decía que la familia de la reina estaba desesperada y desconcertada. La madre de la chica estaba segura que su hija había sido “obligada” a irse “con alguien”, pues estaba segura que no fue por voluntad propia. Ese fin de semana, el mismo rotativo dio seguimiento al caso, una nota refería que empleados de la disco Frankie’o, uno de los centros nocturnos de moda a finales de los años 80 y principios de los 90 en el puerto, habían sido informados que el dueño del lugar se encontraba en Guadalajara donde se había casado “por el civil y por la Iglesia con Rocío del Carmen”.

El dueño del Frankie’o, y quien se había casado con la reina del Carnaval, era Francisco Rafael Arellano Félix, un empresario del ramo de los espectáculos y la hotelería, famoso en esos años por ser amigo del campeón mundial de boxeo Julio César Chávez. Pancho Arellano, era el hermano mayor de Benjamín y Ramón Arellano Félix, los dos jóvenes que habían sido comisionados por la cúpula de la organización que encabezaba Miguel Ángel Félix Gallardo, el capo del llamado cártel de Guadalajara, para hacerse cargo del paso de droga por Tijuana. 

Familia ‘empresarial’

Pancho era la cara empresarial de la familia Arellano Félix. Desde que era adolescente y vivía con su familia en Culiacán, antes de que se trasladaran a Tijuana, se dedicó a vender ropa, perfumes y discos traídos por su padre, quien se dedicaba a comerciar “fayuca” en el centro de la capital sinaloense. La familia se mudó a finales de los años 70 a la frontera. Pancho decidió quedarse y trasladarse a vivir a Mazatlán. Ahí siguió con su labor de “empresario”, mientras sus hermanos se colocaban como operadores clave de la organización de Félix Gallardo.

En aquella nota aparecida el día 3 de junio de 1990, al día siguiente de que se publicara la noticia de la “desaparición” de la reina, familiares de Rocío del Carmen declaraban que era “ilógico” que la joven se hubiera casado. La familia refería que parientes suyos les habían informado que por la radio de Jalisco se transmitieron unos spots donde anunciaban la boda, la cual, se había celebrado con “el consentimiento de los padres”.

La historia tenía otro capítulo. La nota del rotativo consignaba que la reina estaba comprometida en matrimonio con antelación con Óscar Coppel, el heredero de una de las familias más pudientes en el puerto. Miembros de la familia Coppel habían declarado que Rocío del Carmen los había contactado en Guadalajara para pedirles ayuda. Por el temor que infundía el clan Arellano Félix, nadie se atrevió a hacer nada.

Desde las semanas previas a la final del certamen para reina del carnaval, Pancho Arellano se prendió de Rocío del Carmen. Tuvo que pedirle a su amigo Julio César Chávez, quien en tono campechano hacía amistad con gente desconocida, que se la presentara. Desde entonces comenzó el cortejo. En una ocasión, aprovechó la fama del boxeador para llevárselo con él y presentarse ambos ante la familia de la chica. Fue la única vez que vieron a Arellano, declararía la madre de la joven.

El escándalo por el rapto de la reina siguió durante varios días en las planas de los periódicos. El 7 de junio, de nuevo el Noroeste, publicó una entrevista con la mamá de Rocío, quien se refirió a la relación que tenía con el heredero de los Coppel. “Solo Dios es el indicado, el único que pondrá las cosas en su lugar”, decía, “tanto Rocío del Carmen como Óscar son víctimas del destino”. Al paso de los días, el morbo y el cotilleo por el suceso estaba instalado en los medios de comunicación locales. 

El 15 de junio, la sociedad sinaloense se despertó con “un manifiesto real” publicado en un cuarto de plana en el periódico Noroeste. En el texto, la soberana agradecía las muestras de cariño y la preocupación que habían manifestado por ella. Pedía que no le preguntaran si se ausentó por su voluntad o fue a obligada. En tono ceremonial decía que no quería juzgar ni señalar al hombre que sería el padre de sus hijos, el que le daba su apellido, y del que sólo había recibido atenciones. “Acepto con resignación el camino que me ha deparado el destino y si Dios me ha puesto en este camino, debo seguir”, señalaba.

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